25 jul 2007



EL HOMBRE SIN ROSTRO I


Escribo en mi lap top, en lo más personal que tengo desde que no tengo tiempo de hablarle al espejo, y escribir frente a frente con una hoja blanca se me olvidó. Conozco gente que con lo poco que he viajado nunca pensé conocer, accedo a libros que jamás encontraría en cualquier librería, charlo horas con amigo imaginarios, envio abrazos que nunca recibiran, y besos que realmente no daría de estar en vivo.


Es difícil no ser bueno en la red, es difícil no ser buen amigo, crear buenos planes, ser cortéz, tolerante, flexible, y hasta consecuente; después de todo el teclado aguanta tanto, todo lo que deletrees...


Si camino en la calle y, el vacio me cae como muerto, quiero oír los pasos en otra calle, en otra ciudad, en otro mundo, sólo tengo que marcar un número, y otra realidad alterna hablará conmigo, ergo jamás estoy solo; por lo tanto todos los seres reales que caminan a mi lado se han vuelto menos importantes que los que viven en la otra calle, en el otro mundo, del otro lado de la linea. Mientras los satélites giran, yo creo estar rodeado, mientras mis brazos tienen más frío que el Mar Negro...


Me he dado cuenta que un contacto más y soy más hipocrita que cualquier fariseo, que un giño más, que una frase amable más y luzco más podrido que el cuadro de Gray... La cortesía es la forma más sofisticada de la indiferencia, de la falta de vida, de carne y huesos a quien asirse, amar, odiar o cuidar...


Los familiares, los amigos de siempre, las relaciones inconclusas bien pueden esperar mientras mi moral se entrevea en una pantalla, y venda mi alma al anonimato virtual de la fraternidad invisible, de los demás postmodernos atrapados en esta ventana.