El domingo pesqué los primeros dos peces de toda mi vida. No sé que esperaba pero cuando mordieron y los jale, y los vi pelear para safarse del anzuelo, retorcerse en la tierra hasta empanizarse de polvo, me dí cuenta que quería aprender a pescar no a matar peces. Pero no me las puedo dar de pacifísta, mate dos, y luché por un tercero. Creí que la culpa del placer por atrapar algo y ser cruel desaparecería con un tercero. Mi ego y autocomplacencia estarían a salvo con un tercero, pero la vida no quiso que perdiera el horror por la muerte de algo tan pequeño a mis manos.
Las predicciones de un gran terromoto que azolará el D.f. y también Michoacán me aterran, ¿a donde podré huír si me quedo sin casas? Me gustaría ese día estar en el Zócalo o en la Madero caminando sin pensar en nada, caminar entre las calles del derrumbe, algo asi como "y sus templos palacios y torres se derrumben con tórrido estruendo, y sus ruínas persistan diciendo, de mil heroés la patría aqui fue". Y perdón por el grito patriotero y heroíco, lo que pasa es que en mi alma no termina de morirse el niño heroe envuelo en la bandera. Otra cosa es que no creo en lo que las brujas dicen, aunque leer semejante predicción: la sierra madre desmoronándose, es trisitísimo, ¿no has viajado encima de su lomo viendo como los dobleces de la cobija terminan en ríos de cuento?
Tal vez nuestra necesidad de emocion sea lo que nos haga, de buenas a primeras, dar un volantazo en el camino e ignorar nuestra ruta para ir a otra dirección, que no tiene que ser la opuesta, sino un viraje a cualquier ángulo, mínimo como cambiar un casi largo y rojo por un disparejo chocolate con rayos rubios, o al vez uno de unos 20 grados que va de ser compositor a chef, o novelista, o ...
Y con eso no quiero decir que no admire a esos que se consagran a su camino, que nunca se dejan distraer, que tienen un sólo y enorme sueño, y que todo lo que hacen está canalizado hacia ese esfuerzo; sí los admiro, claro que sí, algunas veces hasta he querido ser como ustedes, pero yo nací distraida, nunca he creído en eso de tomar un mapa marcar la ruta y seguirla como se dice el credo, me gusta vagar, me gusta quedarme en un pueblo por un tiempo hasta que salga un tren de un número que en ese momento me paresca interesante; y tampoco es que siempre siga mis sueños, idealizo muchas cosas, ambientalizo mis ideales, pero soñar soñar lo que se dice soñar, creo que dejé de hacerlo desde los trece.
No existe el silencio eso es absolutamente cierto, ni la obscuridad, pero si los sordos y los ciegos, los mudos y los que cierran los ojos. ¿A ti no te gusta cerrar los ojos y apretarlos para ver esas raras figuras de colores? ¿No te gusta taparte los oídos para escuchar como resuenan las palabras de otros, y entonces los claxonasos si son un sonido interesante, y hasta tu propia voz suena a clamor de la tierra? ¿No te apetece quedarte callado por horas y también dejar de pensar para que no quede ni una sóla palabra que te interrumpa?
Las predicciones de un gran terromoto que azolará el D.f. y también Michoacán me aterran, ¿a donde podré huír si me quedo sin casas? Me gustaría ese día estar en el Zócalo o en la Madero caminando sin pensar en nada, caminar entre las calles del derrumbe, algo asi como "y sus templos palacios y torres se derrumben con tórrido estruendo, y sus ruínas persistan diciendo, de mil heroés la patría aqui fue". Y perdón por el grito patriotero y heroíco, lo que pasa es que en mi alma no termina de morirse el niño heroe envuelo en la bandera. Otra cosa es que no creo en lo que las brujas dicen, aunque leer semejante predicción: la sierra madre desmoronándose, es trisitísimo, ¿no has viajado encima de su lomo viendo como los dobleces de la cobija terminan en ríos de cuento?
Tal vez nuestra necesidad de emocion sea lo que nos haga, de buenas a primeras, dar un volantazo en el camino e ignorar nuestra ruta para ir a otra dirección, que no tiene que ser la opuesta, sino un viraje a cualquier ángulo, mínimo como cambiar un casi largo y rojo por un disparejo chocolate con rayos rubios, o al vez uno de unos 20 grados que va de ser compositor a chef, o novelista, o ...
Y con eso no quiero decir que no admire a esos que se consagran a su camino, que nunca se dejan distraer, que tienen un sólo y enorme sueño, y que todo lo que hacen está canalizado hacia ese esfuerzo; sí los admiro, claro que sí, algunas veces hasta he querido ser como ustedes, pero yo nací distraida, nunca he creído en eso de tomar un mapa marcar la ruta y seguirla como se dice el credo, me gusta vagar, me gusta quedarme en un pueblo por un tiempo hasta que salga un tren de un número que en ese momento me paresca interesante; y tampoco es que siempre siga mis sueños, idealizo muchas cosas, ambientalizo mis ideales, pero soñar soñar lo que se dice soñar, creo que dejé de hacerlo desde los trece.
No existe el silencio eso es absolutamente cierto, ni la obscuridad, pero si los sordos y los ciegos, los mudos y los que cierran los ojos. ¿A ti no te gusta cerrar los ojos y apretarlos para ver esas raras figuras de colores? ¿No te gusta taparte los oídos para escuchar como resuenan las palabras de otros, y entonces los claxonasos si son un sonido interesante, y hasta tu propia voz suena a clamor de la tierra? ¿No te apetece quedarte callado por horas y también dejar de pensar para que no quede ni una sóla palabra que te interrumpa?


