23/02/2009

Entre ser feliz y ese hueco

Si puedo enroscarme a tus brazos y a tus piernas, si puedo hacerte ver para adentro y muy en lo hondo, (a veces siento que te vas tan de largo que nunca vas a regresar, que podría terminar de cabalgarte, dormir y despertar y tu seguir asi de lejos), si me dices un larga tira de teamos y cada músculo lo confirma, si eres un poco brusco y una que otra vez muy salvaje, si despiertas para buscarme sin abrir los ojos como si nadaras para dar conmigo, si me besas los hombros y me respíras en la espalda cuando finjo dormir, si me haces creer que soy hermosa y desapareces los complejos de tanto verme y rasparte a mi, de tanto nombrarme, si parece que cada vez que me penetras me adoras. ¿qué quieres que haga? ¿esa es la felicidad, sortear las aguamalas, arder, caer de cabeza con los ojos abiertos, vaciarme?

Y es que el eco entre mis costillas me aturde algunas mañanas y una que otra tarde, y a veces hasta en las noches no importa que estes enfrente, y siento que si tomo agua me escucharé como cantaro de barro, y me dan ganas de derramarme, quisiera entonces también tener semen que vaciar, quisiera expandirme como tú, ser yo y también mi pene, alcanzar esa parte más honda tu carne, abrirte las piernas y verte por dentro, ver que tanto de mi ya tienes, si a ti también se te hizo una cueva, si tiene agua adentro y si puedo nadar.

10/02/2009

OTRA DE AHOGADOS


Te tengo debajo.

Mis piernas sostienen nuestros movimientos, tus manos amortiguan el ruído. Tenemos visitas en el cuarto contiguo, una niña virgen e inocente. El deseo se grita a muecas torcidas, a cuellos que se estiran, a pieles de gusano, a musculos expandidos y contraidos, a bocas que se amordazan con besos de dientes.

Me muevo rápido, mi cadera es como lavandera en piedra de río. Te siento temblar, me dices cosas raras, parece que hablas en otro idioma, te contesto raspando tu cara con mis dedos; me pides que abra los ojos pero no puedo verte, todo esta borroso. ¿Qué sientes? preguntas y por fin logro enfocar tus pupilas pero no articular palabra; de lleno veo el reflejo de mis pechos danzar en la cabecera, me gusta.

Gemimos hacia dentro y es excitante; de nuevo somos como adolescentes, escondidos y silenciosos para hacer el amor. El ritmo se acelera y cada vez es más difícil contener a la estúpida cama, ella no quiere callarse; nuestros brazos, piernas, rostros, ojos, dedos, tiemblan. Me tengo que morder los labios para no gritar, casi a punto de sangrar abro los ojos, tu rostro tiene un estertor de niño "privado", de hueso de ciruela en la garganta, de coca-cola que se fue por otro lado.

Nos miramos a los ojos y ninguno de los dos puede aguantar la carcajada, nos reímos en los cuellos mientras en silencio se nos ahoga el orgasmo.