15/06/2010



Las cosas que me pasan a veces son hilos con los que no se puede tejer nada.

Puedo decir que compré rosas, de esas chiquitas, unas rojas y otras rosa mexicano. También que un día antes de mi cumple Isaac me regaló una tortuguita, yo no sabía que quería una, lo supe cuando le buscaba un lugar y sobre todo la primera vez que se durmió sobre mi panza.

Mis padres vinieron a mi casa; fue raro y lindo tenerlos. Ahora soy yo la que les dice por donde ir, donde están las cosas, con que deben tener cuidado. Nunca he sido buena con las relaciones interpersonales y las etiquetas; a veces cuesta mediar cortesmente entre los consuegros; es extraño, nunca me imaginé en esta posición. Esos días una mitad mía era demasiado niña y la otra un adulto algo odioso. Cuando se subieron al carro para regresar, me dí cuenta que lo único que deseaba era recostar la cabeza en las piernas de mi papá por horas.

Nuestra situación económica aun no es mala, es decir todavía por unos quince días más tendremos ingresos seguros. Quisiera decir que no importa, que todo está bien, y lo digo, y creo eso, sólo que siento una opresión en el estomago muy distinta a todo lo que había sentido antes. Ya nadie nos va a sostener, nadie que no seamos nosotros dos. Siento que hemos gastado demasiado en frivolidades, lindas y felices; siento que debimos esforzarnos más en muchas cosas, o tal vez, lo que hemos vivído, tal cual, es lo que debimos vivir.

Es muy probable que ambos regresemos a ser estudiambres: que emoción y que miedo. Más emoción, pero aun así no se va el miedo.

Omar Hernandez-Hidalgo fue asesinado de forma brutal, siendo el primer doctor en viola del país y uno de los instrumentistas con mejor actitud y más grande talento. No puedo explicarlo, sólo siento una gran rabía y tristeza; perder a gente como él es un hueco en el mar. México ahora no sabe todo lo que ha perdido, tal vez nunca lo sepa, y aunque me alegran las vuvucelas, pienso que somos como los idiotas de la gallina dellogada, felizmente idiotas, mientras México se cae en pedazos.

No sé como tejer algo con todo eso.


2 comentarios:

Horacio Fioriello dijo...

El telar de la vida tiene sus propias tramas, infelices tramas que la hacen aún más bella, bella aún asi
Exquisito relato, hermosa urdimbre.

the lines on my face dijo...

se sienten tus preocupaciones... hace poco hice una imágen http://www.flickr.com/photos/analines/4657742259/
ese hilo que todos podemos destruír, pensando en tantas cosas que pueden ir bien y de repente pueden ir muy mal, y pues nosotros sólo estamos sosteniendo ese hilo sin saber realmente qué hacerle...
saludines y abrazos