19 jul 2006



LA SOMBRA DE DESDEMONA

Quédate así cuando estés muerta, para que después de matarte pueda seguirte amando” Otelo



Te traje una rosa para que la pongas en mi tumba. Mi cuerpo tiene mucho frío, tú sabes, aun no se acostumbra a ti, a tu silencio, a tu obstinación por declarar muerta a la que bien podría existir sin tí; el cementerio de tu alma todavía no devora mi piel, tus gusanos de caricias aún no me paladean.


Prefiero mil veces el sepulcro de tu carne que la tumba de tu amor. Cava en tus palmas, haz que en ellas descanse mi piel; abre tus dedos, ellos guarden mi espalda; sepulta mi voz en la carne de tus uñas; haz dormir mis labios en el centro de tu cuerpo.


Tu alma está muy sola, vacía, inhóspita; no soporto seguir escuchando mis pasos sin salida ni mi eco, la eterna oración deprecatoria contra tí, el grito del silencio amoroso que ya te ha roto todas las ventanas, no más, no lo soporto. Ya le he hecho los mas grandes destrozos a tu alma, desiste ya, déjame salir, o destrúyeme por completo. Detrás de tus ojos se oculta un veneno que nos bebe cada vez que me miras, y créeme, lentamente, sin tregua y sin descanso, con el te estoy matando.


Sin embargo te sonrío, te cuento historias, te canto versos, trato de acariciarte con el aire que alborota mi cabello, con la voz que resbala por tu cuello, con los labios reflejados en tus ojos; si, lo acepto, es un pequeño y dulce soborno, una suplica tierna a mi verdugo; pero no, tus ojos no ven nada, tu piel no percibe, todos tus accesos se han tapiado, no me dejas huir. ¿Por qué no entiendes que esa mujer que te amó hasta el delirio se ha muerto, y la que ahora tienes sepultada no sabe nada de renuncias, de fidelidades, de perpetuidad?Allí encerrada, con nuestro amor abortado hediendo como hoguera, entre las ruinas roídas de ternura, en esta tumba infestada de besos y caricias de ceniza, aquí, en tí, junto a la momia de deseos y promesas podridas, sin esperanza de morirme del todo, es donde te araño el amor, donde te deformo el corazón hasta volverlo de bestia, desfiguro tu rostro con todas esas frases-cuchillo que la desesperanza nos forjó, aquí te destruyo, te amargo, te condeno. ¿Por qué? ¿para qué? ¿Tanto desprecio, tanta saña que sentido tiene? ¿Todos los recuerdos almacenados solo sirven para atormentarnos?


¡Por favor mátame! Que ya se acabe esta tortura de verdades, no podemos revivir a la muerte, no tenemos como convertir en serpiente al ángel. ¡Mátame! No hay explicaciones, ninguna noche de pasión levantará a los muertos, eso que fue el milagro mas hermoso de los siglos se ha extinguido, seducirnos mil veces no nos devolverá el unicornio que fuimos juntos, ese que preñamos tras tantas noches de esperanza, ese que asfixiamos juntos hasta no dejarle ni un gramo de aire para respirar. Basta ya! Extraño la melancolía de tu ausencia, la infinita infelicidad de saberte perdido, el infinito desasosiego de que tú, amor, no estés mas aquí. ¡La sentencia por favor! ¡ya ejecuta la sentencia! todo crimen necesita recibir su castigo, mi crimen fue amarte hasta que no quedará rastro de mí ni de mi imagen, devorarte el amor hasta el tuétano, extraerte la esencia hasta romperte los huesos. Ya dame santa muerte, y eterna sepultura. ¡Ya por Dios hazme descansar!


Mátame, termina con este sacrificio al absurdo, con esta ofrenda al olvido, que nadie se entere que el amor es cierto y que destruye, que nadie sepa que nosotros acertamos a matarlo; mátame con la asfixia de tu cuerpo en otros cuerpos, con la soga de besos en otro cuello, con la almohada de tu pecho en otras bocas, con la espada de pasión en otra piel. Mátame en este amanecer sin el sol de tus ojos, sin la misericordia de tu espalda entre mis piernas, sin el alimento diario de tu lengua. Mátame, no me lleves de ausencia en ausencia, de memoria en memoria; ten lástima de esta pobre mujer que te traicionó hasta perderte, que te negó hasta quemarte, que solo le sigue siendo fiel al desprecio de este real y posible sueño, que ante sus ojos fariseos jamás mereció existir.

2 comentarios:

Lo peor del mercado dijo...

"la infinita infelicidad de saberte perdido" Oye Debora, ese es mi estado natural, ¿acaso no es normal? (disculpa pero hoy estoy muy cínica, señal que se avecinan malos momentos).
Un gran escritor decía que quien no está celoso hasta de la ropa interior de su amado, no está enamorado. Yo estoy totalmente de acuerdo con eso y descreo de toda esa palabrería acerca de confiar en el otro, del respeto y los espacios. Que esas son reglas para que los tibios justifiquen su sangre quieta. Los celosos no somos ni inseguros, ni estamos locos, solo queremos lo imposible.

Desde un laberinto dijo...

Para ese amor que es tan grande que no entra en nuestro cuerpo, ni nuestra mente, sólo hay una posible huída y está en la muerte. ¿Queremos salir de él? A veces sí; cuando el amor es tan grande que atormenta y la locura en vez de silenciar aturde, escapamos de lo que nos mantiene vivos arruinándolo todo al esperar más y más.