14/09/2006


Trama

Te beso entre libros, entre gente, entre paredes y en el vacío; en medio del aire y en la oscuridad. De un lado al otro del mundo, volteando mi cuerpo para encontrarte en todas las cosas que has tocado. Aunque esté lejos y encerrada camino contigo en completa libertad. Te beso los ojos y las comisuras de los labios cada amanecer, te acaricio el cabello y te muerdo el cuello al salir el sol. No importa que tan lejos estés de mis manos o de mi boca. Vivo en este espejismo, atrapada en la ilusión de mi cuerpo; te busco y te encuentro, y no paro de encontrarte, y hablo contigo a todas horas, y comemos juntos, y vivimos siempre.

Quiero alargar la burbuja y lograr que no reviente, quiero seguirte el olor aunque tenga que inventarlo; ya no sé quien eres, no conozco tus palabras de todos los días, no te escucho; pero te veo, te sigo, te creo. Sigo inventando un mundo donde puedas sobrevivir y yo pueda seducirte y enamorarte todos los días.

Quizá tienes razón y no nos queremos a nosotros, sino sólo queremos lo que somos cuando estamos juntos; y si es así, entonces no te recuerdo sino que te recreo, y eres el de siempre, y sigues llegando cada noche a mi habitación, y continuamos eternamente besándonos en cualquier vagón. Eres la memoria viva, caminas, ríes, piensas, en este mundo alterno que nos vive mientras no nos vemos. Por eso cada vez que nos encontramos sigue la trama de la historia, como si no hubiera nada que la interrumpa, y no importa quienes otros ocupen los roles que dejamos vacantes, ni cuantas vidas, ni cosas nos alejen en la cotidianidad; nos reencontramos y el rompecabezas se arma de nuevo, y volvemos a ser uno, y de nuevo estamos completos.

Y por eso no importa que al pensarte crea que es mejor que no existas, que al analizar esta relación de enfermos me sienta tarada. Eso en realidad no importa. Tampoco importa que odies lo que creo, y a mi por creerlo; esto es más fuerte que tú y que yo, y que las conciencias de ambos. Tal vez seamos algo parecido a un tapete que cose el destino, y tenemos que ser hechos de hilos distintos, llevados y traídos por el antojo del tejedor.

No tengo idea del porque escribo esto, y ni siquiera sé si en realidad yo lo estoy escribiendo, o si alguien me lo dicta; no es producto de mi intelecto. Lo juro. Es como si mi cuerpo se expresara libremente a través de esta pluma, y me obligara a dejar evidencia. Y pensándolo bien así son las cosas contigo; al verte soy un zoombie, un vudú de alguien, no tengo más convicciones, ni prejuicios, ni ideales; soy tu barro, tu tela, tu cuerpo, o tuya, simplemente tuya. Y eso me da miedo.

3 comentarios:

Lo peor del mercado dijo...

En esta vida en que nada tiene sentido, ser el barro en las manos de alguien, bien podría ser una razón para vivir.
Besos y abrazos desde la insolente Argentina.

paradoxia 74 dijo...

Que se sabe uno a medias, incompleto y por eso busca...es otra razón para la vida.

ultimamente conocí el miedo a morir, el no ser más que una hoja seca estrujada por el puño y entendi solo una cosa, el tiempo es corto cuando se esta bien. no hablemos de la muerte, no mas.

saludos desde Virginia

Desde un laberinto dijo...

Que bueno que es no saber, que bueno que es dejarse llevar, que bueno que es vaciarse por que implica saber que estamos incompletos, que bueno es desintegrarse y no temer a la locura.
Esa carta podría habérsela escrito La Maga a Oliveira, que bueno es poder jugar a la Rayuela
Saludos, desde la paradojal Argentina