16/08/2007



4:15 pm





La voy guiando, la tomo de la mano, la siento dudar; pero no abre los ojos.

Todas las calles de todos los días, las mismas donde jugamos, hablamos, comemos, vivimos, hoy son tan diferentes. Ella hoy no ve. Renunció, por lo que dure el trayecto a abrir los ojos, a ser autosuficiente, a decidir el rumbo. Ella no ve, pero va feliz, sonríe, palpa, oye, olfatea y ya sabe en que esquina estamos ahora. Le tómo la cadera como un volante, la guío, la muevo, la siento.
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Allí hay un escalón, cuidado con el bordo, despacito que viene gente. Y ella, esta testaruda y rebelde gata, que nunca escucha consejos y se ríe de cualquier prevención, hoy es dócil, atenta y feliz.

Al oír el ruido de los carros, la gente, el aleteo de las palomas, me dice: "esta es la plaza de armas". Esta nerviosa, no suelta mi mano, la siente, la entiende, percibe hasta el más simple cambio de intención en los dedos, en la palma, en la piel; ella confía en mis manos, les creé.

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Este es un tonto juego de niños, un dulce juego de niños tontos. Tengo paz, lo disfruto, disfruto su cara de niña emocionada y frágil, el indefenso titubear de sus piernas, la ingenua mueca de su boca; mientras el aire le alborota el cabello y ella lo deja hacer, la veo tan pequeña, que da miedo que tropiece, que choque, que caiga. No, no puedo soltarla, yo también soy un niño, soy el hermano mayor, que cuida, que guía, que ama.



El olor a café es tan fuerte que su rostro se alegra aún más, y ¿cómo no besarla en esa boca de niña? la siento saltar sorprendida, no esperaba de pronto mi cara tan cerca; su risa nerviosa me hace reír, hasta ese beso frustrado es dulce; hoy soy un bobo, en esta tarde, cuando sólo somos dos fraternos amantes, estoy feliz y pleno, ella camina segura junto a mí.





1 comentario:

Pierrot dijo...

Nunca vi tanto amor en un lazarillo. Creo que hay crueldad en afirmar que el amor "sólo" puede ser ciego.

Saludos desde Lima.

Debora, cada día escribes con más punch!!!