28/01/2007



"Tienes la rebeldía en el espanto de la sangre
y la oscura tristeza en los cabellos...
(¡oh jaula de mi voz, prisión de mis tinieblas)" Efráin Huerta
"entonces habia que besarla profundamente, incitarla a nuevos juegos... se daba entonces como una bestia frenética, los ojos perdidos y las manos torcidas hacia adentro, mitica y atroz..." Rayuela

Nunca se sabe, cuando se besa, si se mata o se muere. Robarse el aliento de un desalentado es gran pecado. Comerte los buenos deseos, la intensión correcta de no dejarse seducir por una quimera. Hacer el amor con labios, dientes y lengua; hundir las manos en una malesa de rojos y negros. Tomarse la sed, beber el fuego, tatuar el viento, jugar a no morirse solo. Usar el aliento ajeno para esconderse, salir del ataud de uno mismo para sepultarse en otra boca. Es en verdad muy cruel.
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Intercambios de carroña, de dolores, de frustraciones. Te presento mis fantasmas para que los acaricies, mis angustias para que las ampares en tu carne, mis fracasos para que te toquen la espalda. Mi cabello es la isla de mis amores náufragos, tu cuerpo es la única balsa de esperanza; pero pesa demasiado el muerto que cargo en el alma para que alguien pueda salvarse. Te hundo en mi tristeza, en el ansia, en mi pecho; me hundo en ti, en tus anhelos nuevos, en tu vida sin borrones, en tus brazos; en tu cuerpo que tiembla de todos los deseos que le doy, pero que se duele de todo el consuelo que le niego.
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Para que déje de llorar tienes que romperme la piel a besos, anúda con tu lengua mis lagrimas, muérdeme la vida, no pares hasta que muera. Trága mi aliento, y con él, el dolor.

23/01/2007



LA ÚLTIMA CARTA
(juro que ahora si es la última)
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Hablarte de amor de nuevo en una carta abierta es ridículo, sobre todo, porque sé que no la vas a leer. Pero hay que celebrar que es la última carta que te escribo, por lo menos es la última desde lo más profundo de la piel. Sé también, que haber roto el espejo el último amanecer juntos, fue en absoluto el augurio de nuestra patética suerte; y creo que debimos haber tirado mucha sal en el desyuno, comida o cena; y que por supuesto nos besamos debajo de todas las escaleras que se encontraron en nuestro camino. ¡Ah! no hay que descontar el gato negro que te regalé, y las miles de veces que me negué a decirte a los ojos cuanto te quería.
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No debemos olvidar, tampoco, que nos hicimos imposibles de recordar por nuestros amigos; que nunca quisimos que nadie nos notara la cara llena de caricias, y que cuando alguién nos vio no dimos trazas de ser algo más que un amor ocasional. ¿Vés? Invocamos la fatalidad, asi no se puede llegar muy lejos. Además que tú no te cansabas de insistir, de soñar, y de contarme tus sueños, apréndelo: !nunca se debe contar un sueño para que no frustre!
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Debo decirte, también, que lo más dificil de olvidar son tus vellos; sí, tus vellos, ¿puedes creerlo? Ver de reojo, tus finos vellos de durazno en las mejillas al besarte. ¡Ah! y por supuesto, verte dormir como bebé: con los brazos y las piernas bien abiertos. Me estoy despidiendo de tí en esta carta, sin embargo no sé como despedir esos recuerdos; ya les he abierto la puerta tantas veces y no se van. Te juro que les he gritado de la peor manera, y les he tratado con el más descortes de los desprecios; pero no tienen dignidad, no se marchan.
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Por último debo ser sincera, absolutamente sincera: te quiero con todo mi engañoso y perverso corazón. Tan engañoso, que pudo fingir olvidarte y ser sólo tu amigo; porque era lo que tu necesitabas. Que pudo mentirte, y decir que era feliz porque conocías a alguien que de nuevo te llenaba de esperanza; más no tienes idea cuantos gatos rabiosos adoptó, ni como gritaban, ni como arañaban. Tan perverso, que te dijo que no, y que no, y que no; pero nunca dejó de esperar poder darte un sí. Que te soñó noche tras noche y día tras día; es más, dormía solo para soñarte, para volver a verte en todos los sueños locos, llenos de viajes, pájaros gigantes, y elefantes color rosa. Sí, asi te quiero; con todo el corazón lleno de miedos, de fobias, de engaños, de trampas. Asi te quiero, porque es la única manera que tengo de querer, y pensándolo bien, quiza te lo digo, porque tal vez, sea la única manera de poderte conservar.
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20/01/2007


"Andá a saber. Andá a saber si nos sos vos la que esta noche me escupe tanta lástima. Andá a saber si en el fondo no hay que llorar de amor hasta llenar cuatro o cinco palanganas. O que te las lloren, como te las están llorando"
Vivir lejos de los recuerdos tiene sus ventajas. Cuando despiertas en la noche, ahogándote de deseo, con la boca seca de besos y los brazos ardiendo de descanso; puedes prender la luz, ver las paredes llenas de fotografías, llenarte los ojos de ausencias repletas de colores, abrazarte de piernas con un oso blanco de peluche muerto.
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Recordar a kilómetros de distancia no es tan duro. Mientras ves tu vida desdoblarse como sábana de hotel, y tus dias correr entre una carretera y un barranco; sabes que a lo lejos hay alguien que ya no reza tu nombre, que se teje entre otros cabellos, que le rinde el alma a otras amargas muertes.
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Las estrellas siguen siendo las mismas de cerca y de lejos. Las ausencias que llenas a besos ahora son exactamente iguales a las que recurrias de cerca. Nada tiene que ver el lugar, sino la máldita imposbilidad de hacer concordar dos caminos, la estúpida y vital necesidad de seguir trás de nuestras metas, de asir nuestros destinos, de hacer crecer el mapamundi; aunque cada milimetro alcanzado nos estríe la carne, los huesos, los nervíos, el mal e ingenuamente llamado amor.
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Recorrer las calles al regresar, soñar con los labios perdidos, dibujar hasta la más mínima cicatriz de la piel, es tan inútil. Lástima nos escupe el cielo cada vez que elevamos la voz a una nube extinta. Ni toda la lluvia que se niega a llorar el mar es suficiente para llenarnos el horfanotorio del pecho; cada niño que no preñamos, cada promesa que se murió, cada sonrisa que no besamos, están tan vivos que ningún cataclismo podrá dejarnos completamente devastados.
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Andá a saber si en el fondo... te das cuenta que viviste en la orilla, que te dejaste vaciar y no recibiste mas que olvidos. ¡Caray que caro se cobra ser tu misma! Dan ganas de vender el personaje que lograste, llevarlo a cantar a garibaldí ( sí, gritá: "canta y no llores"). Andá a saber si entre carcajadas y presentaciones en teatro, no eres vos misma quién en está noche te escupe tanta lástima,andá a saber si no es necesario llorar de amor hasta llenar cuatro o cinco palanganas... hasta que te mueras de tanto que te estás viviendo.