28/03/2011




Eran las 5, tal vez 6, de la tarde. No lo tengo claro pero hacía mucho calor, de ese que ahoga. Yo no sé manejar, pero no me importó. Hace tiempo todos están de acuerdo en que soy inconsciente, egoísta, e irresponsable ¿por qué habría de importarme entonces? Saqué el auto de mi padre y tomé la carretera.

Recuerdo que el carro reculaba en cada curva, no sé si iba muy rápido o solamente que no sé manejar, pero de repente empezó a darme miedo, la ciudad más próxima estaba mínimo a dos horas, y si seguía iba llegar pero muerta, así que en el primer acotamiento me detuve. Abrí la portezuela de mi lado, y saque el mapa de la guantera, pero antes de poder ver mi ruta el retrovisor hizo que me paralizara.

Del otro lado de la curva, en los pastizales secos estaban estacionados tres camionetotas negras, enfrente de ellas alrededor de diez personas hincadas con las manos detrás de la nuca, y alguien les apuntaba mientras otros cuatro, entre ellos una mujer les gritaban.

Tuve unos minutos, tal vez segundos, de verlos sin que me vieran; mi cabeza me decía cierra la maldita puerta y arranca, pero recordé los reculones que daba el carro en cada curva, que ya estaba por obscurecer, y que no sabía manejar. Todavía el coco me gritaba que me largara cuando uno de ellos me vio y empezó a caminar hacía mi.

Me entiesé más todavía. Miraba el volante, el mapa, la puerta, al tipo por el espejo lateral, y otra vez al volante, al mapa, a la puerta, al tipo. Obviamente llegó sin que yo atinara a nada. Me pidió que le diera mis identificaciones, sin siquiera abrir la boca se las dí, pero al tomar mi bolsa del piso alcance a ver la bolsa de bolsas que mi tía vendé, y una culpa enorme empezó a agobiarme. Me pidió que saliera del auto, y obedecí. Grandioso asunto, iba dejar a mi padre sin carro y a mi tía sin mercancía de un jalón.

El tipo me dijo que me fuera pero en eso llegó la mujer, y le preguntó que si estaba pendejo. Entonces ella me gritó que corriera, y yo supe que a penas diera la vuelta me iba a disparar. Le rogué al tipo, le recordé que había cooperado sin chistar, que les había dado todo, que por favor no me mataran, que tenía un bebe. Y en ese momento empecé a dudar, ¿estoy embarazada o ya nació? No importa, por favor no me maten.

Empezaron a discutir entre ellos mientras del otro lado de la curva sonaron por fin los disparos, como la mujer corrió a ver que lo que pasaba del otro lado, el tipo me hizo un gesto con la pistola de que me fuera.

Corrí como pude, no sé si me pesaba la panza del embarazo o la culpa de haber perdido las bolsas y el auto, pero sentía que las rodillas se me doblaban. Llegué a mi ciudad cuando ya todo estaba muy oscuro, aunque no tenía idea de a que hora podría volver a mi casa.



4 comentarios:

BEATRIZ dijo...

Se me aceleró toda la sangre mujer!!

Te quiero.

Eva Magallanes dijo...

Uf!!!, ¿realidad o ficción?... lo sentí como "diario de vida"... una vivencia más que intensa, relatada con una sinceridad y una verdad que congela. Mi saludo fraterno desde el confín austral!

FJavier dijo...

Magnífica velocidad que acelera el pulso al ritmo que aumenta la tensión y sin tiempo a reaccionar, tal y como pasa en la realidad con los acontecimientos que nos cuestionan la vida.
Magnífico.

Sibila.S dijo...

Buen relato, aunque siento que se corta de manera muy abrubta. Tal vez es la esencia de esta narración. Generas mucha tensión y eso está muy bien.

Un abrazote, te mando muchos saludos DEB!