20/12/2011

NO ME GUSTAN LOS TÍTULOS

Hay cosas que no caben en un título. El dolor de una realidad que se va metiendo en los huesos, lenta e insistentemente. La esperanza que te aprieta la garganta y duele más que la resignación. El miedo constante como la sangre, el amor más profundo que el alma.

No cabe en título el tamaño de los ojos de mi hija, ni su sonrisa sin dientes ni prejuicios. Su sueño más activo que su vida, sus manos más grandes que sus huesos.

No cabe si quiera en todas las palabras del mundo, esta pequeña soledad de suburbio, este silencio mordaz, estas caricias de ciego.

No me gusta etiquetar titulando, no me gusta vivir en catálogo, no me gusta nombrar lo que ya no sé como decir.

21/10/2011


002

Veo la tarde, el volcán rompiendo la inmensidad del cielo, el sol más rico para acariciar espaldas, el aire que mueve la transparencia. Veo la tarde, y me imagino el placer de caminar bajo ese clima, el frío tímido recorriendo mi piel, todo lo veo detrás de la ventana. A veces uno es unas alas sin viento, un poema atascado, una tarde sin gente.

Ella debe estar en la fila para la entrada del auditorio, hablando con alguien o leyendo como los caballos cuando se duermen. Seguramente tiene un café en la mano, y su cabello vuela. Al salir de concierto ella sabe que nadie la espera, no hay un malla de seguridad al retorno, no hay unos brazos constantes. Por eso puede ligarse o no al chico de al lado, al señor de enfrente, al que va pasando y ni siquiera se le nota por asomo deseo de escuchar buena música. Por eso puede ser que si la gana le da tome un autobús para caerle de sorpresa a su eterno ausente. Ella es una constante decisión, un camino de variables, se puede decir que es libre, tanto que de todas las opciones está noche no tendrá ninguna. A veces la soledad le arde demasiado, eso no importa, nadie le quitará su espacio.

A veces uno es viento sin alas.

07/10/2011


0001

Tengo a mi hija recargada en mi pecho, sujetándola con un brazo, pero sigo leyendo. Mamá mientras tanto trapea sin parar de hablar y sus palabras se confunden con las de Carver.

Me muero por un café pero no es bueno para la lactancia, entonces imagino que tampoco puedo fumar, y la negación se hace un poco menos difícil. Ella se reiría de mi.

La imagino recargando su espalda muy atrás en la silla, para que su cabello cuelgue y reclinándose violentamente de pronto para alcanzar el café. Su bluzón café ajustado y esos jeans deshilachados descuidadamente. No está maquillada, lo único que se pintó fue la boca pero el labial ahora está sobre los bordes de la taza. Está sola en la mesa del café, es de noche, y no le importa que todo mundo la vea como una solterona solitaria, guapa, pero solitaria y solterona.

La imagino caminando en la noche, hablando sola, contoneando sus caderas anchas, moviendo su cabello al andar. Pero sola, conversando consigo mismo en el trayecto a su casa. No importa si llueve, hace frío, la noche esté oscura o no. Tampoco importa si está en su ciudad u otra. De hecho ni siquiera si va con alguien. Es como si de todas formas nadie pudiera acompañarla.

Ella se burlaría de mi. Pero no importa, no tiene idea de que hacer con su vida, ni siquiera de lo que vale. Todos sus pasos son una ilusión.



14/07/2011


Necesito volver al silencio, a la soledad que aturde y al aburrimiento real. ¿Ustedes no?

A ese silencio de cuando ya no quieres ver la tele, la radio te da flojera y todavía no existía youtube. A esa soledad que no se escamotea con los comentarios a los enemigos de tus amigos en facebook, a ver fotos de una vida tan lejana que por más que quieras no te pertenece, a chatear por horas con gente que en vivo tal vez te darían flojera, o quizá no tendrían nada que decirse.

Al aburrimiento que da en las tardes cuando ya todo está hecho, pero aun no se hace de noche y no hay ningún lugar a donde ir, entonces o escribes, o lees, o te duermes, o te aburres con tanta conciencia que hasta llegas a lugares nuevos de tu inconsciente, y de verdad de verdad, lo que se llama de verdad, puedes reflexionar.

Necesito de nuevo esa realidad nada virtual, tan palpable como un knoc out del hastío. Ya lo estoy pensando con más seriedad cada vez; a ver si me atrevo, si lo intento de un jalón. Ojalá que no me cause un bajón de esos que les dan a los borrachos cuando deciden volverse abstemios.

30/06/2011





Entre escribir con el corazón y no escribir, ese es el dilema.

Porque si escribes desde la seguridad, de la comodidad de lo neutral mejor no escribas, para que decir algo que no escalde, que no te raspe, para qué decir algo que no te cueste, que no tengas que defender, que no tengas que pelear para que siga en pie a pesar del tiempo.

Pero a veces cansa defenderte todo el tiempo, explicar, disculparse por escribir, por decir lo que piensas en ese momento; más allá de la verdad, todos tenemos momentos en que la realidad te cae encima y no puedes sustraerte, y esa realidad puede ser verdadera o tan subjetiva que al segundo siguiente no puedas mantenerte en ella, pero cuando te golpea no existe otra cosa, es eso, esa sed o ese hastío, o ese mar, o ese desierto y poco importa que tan verificable sea, que tan objetivo.

Y por eso a veces prefieres el silencio antes del juicio, antes de la explicación, antes de la defensa, antes de "mira no era contra ti, no se trataba de algo en particular, no quería decir eso".

Recuerdo mucho ese día en que escribiste algo y nomás lo publicaste y una mujer te cayó encima, ventilaste asuntos muy íntimos y ella se ofendió entonces me dijiste "no pienso disculparme por escribir". Me pareció tan egoísta, y no existe nada auténtico que no lo sea.

Escribir desde el corazón cansa. Cansa exponerse, cansa el intento, cansa que no sean las propias palabras las que expliquen, que no se pueda percibir más allá de las golpes del teclado la intensión, cansa. Cansa porque es inútil, "la ración de la esperanza es poca, y el dolor no se puede compartir". Ni el dolor ni la alegría, ni la fe ni el desamparo, ni la soledad, ni si quiera puedes mojarle a alguien la cara.

Mejor el silencio, pero tu ahoga, "yo canto porque le tengo miedo a la muerte", o como Lutero "porque a veces no se como orar", o porque me asfixio, porque necesito exorcizarme, o porque quiero perder la razón, o porque si no lo hago dudo estar viva. "El silencio es otra forma de la muerte" y a veces no quiero descansar en paz.


16/06/2011



Hace años me obsesioné con el tema de tener una hija, le escribí no sé cuantas cartas, dónde le hablaba de música, de lo que yo entendía que era la vida, en fin, de puras babosadas de adolescente, pero que para mí eran importantes. Mi niña imaginaria tenía nombre Amy Isacc.

Pasaron muchas cosas en mi vida después de eso. No sé a donde fueron a dar esas cartas, ni los sueños de tener hijos. No sé porque dejé de querer un matrimonio, y la idea de ser mamá me pareció en ese entonces un clisé ridículo: las mujeres al fin y al cabo, no importa lo que estudien, sólo quieren casarse y tener hijos, justificar su existencia porque tiene la capacidad de ser fertilizadas, etc.

Tal vez me desencanté al ver a tantas chavas de mi edad ya casadas, sin tener carrera, ni metas en la vida, pero sí niños. A lo mejor fue que mis romances rara vez, más bien nunca vez, cristalizaban en algo durable, tenía un imán para las relaciones intensas, breves y anecdóticas, que no poseían a la larga una historia matrimonial. Quizá fue que mis deseos de ser alguien importante, trascendente, veían como aburrida la idea de echar raíces, de una familia tradicional.

Empecé a escribir cuentos antimaternales, como el "Ángel de la muerte", "Nuestro hijo" y "El Festín de los gatos", y mi mejor amiga me preguntó ¿que diablos tienes contra los niños? y mi novio de ese entonces se horrizaba cada vez que los leía y me escuchaba diciendo que no quería tener hijos.

Luego llegó el horfa, y algo cambió. Un simple trabajo que no pedí ni busqué me revolvió las tripas como nada. Treinta chamacos, más o menos, sin madre, nadita de madre, latosos, manipuladores, jijos de la tiznada, a los que les tenía que dar clases. No fue fácil pero fue fascinante. Nunca creí poder querer tanto a gente que no tenía ni una gota de mi sangre o de mis anhelos, les enseñé música y ellos me enseñaron a querer. Fue un año, y no tardamos mucho en agarrarnos cariño, en vernos como amigos, en divertirnos; es que un niño es la cosa más maravillosa que existe en el mundo. Es complejo poder explicar lo que te hacen sentir, saber lo vulnerables que son, lo sincero y rudos, pero esa ternura inherente te desarma, y tú también te vuelves vulnerable, te abren, no sé puede enseñarles nada que no sea a partir del corazón, y entonces te ves a ti mismo planeando los días con ellos, buscando cosas sorprendentes para ver de nuevo sus ojos enormes, esforzándote por un concierto en el que su autoestima florezca. Y te sientes maestra, amiga, hermana, y madre. Si hubiera podido habría adoptado seis de ellos, al menos seis, varias veces me soñé dándoles un hogar y un futuro. En fin, sueños güajiros.

Hubo excepciones, momentos en que pensar en un niño mío resultaba difusamente atractivo. Después llegó el verdadero Isaac, y él siempre quiso ser padre, aun no nos casábamos y ya teníamos el nombre de la niña. Sí desde entonces, pero sonaba a cuento bonito, a la casa detrás de la colina llena de dulces, y una alberca enorme; ya en la vida real mi egoísmo y miedo, me hacían desear no ser mamá, a ratos sí quería serlo, pero volvía a pensar que la vida se me complicaría tanto que se tornaría irrespirable. Puro miedo, miedo a que? ¿a vivir?

Tengo 5 meses de embarazo, y Dios es sabio. Los primeros meses vomité hasta el último ápice de temor; no la sentía, solamente los efectos de su presencia, todo eso puede resumirse en vulnerabilidad, pero también en un deseo de ser muy fuerte para que nada le afectara a su pequeño mundo oscuro. Verla en cada ultrasonido, acercaba el cuento a la realidad, y entonces la debilidad, los vómitos diarios, y todo malestar se esfumaban porque podía ver un pequeño cuerpo moviéndose.

Y otra vez quise boicotearme, hago eso siempre, finjo desear lo contrario para no decepcionarme, me convencí que quería un niño, soñaba un niño, me emocioné con la idea de un pequeño varón. Y hace casi un mes supe que no, que la vida se reía de mi de nuevo invitándome a sonreír: es niña, la latosa que me patea y me mantuvo de cabeza en el escusado es niña.

Dios es sabio porque la seguridad y el amor crecen a cada patada, en cada movimiento de pez, cada noche que me despierta golpeando mi vientre, diciéndome que está ahí, que es real, reclamando su espacio, su alimento. Aun no sueño su rostro.

02/06/2011




"Quizá sería mejor no ser escritor, pero si debes hacerlo, escribe. Si te sientes lerdo, te duele la cabeza, nadie te ama, escribe. Si todo se siente irremediable, si esa famosa 'inspiración' no llega, escribe. Si eres un genio, harás tus propias reglas, pero si no -y las posibilidades están claramente en contra-, ve a tu escritorio, sin importar tu ánimo, enfrenta el desafío del papel: escribe" J.B. Priestley


Yo no soy ni escritor ni genio, pero desde niña, cuando la soledad me aturde aprendí o a leer, cantar, o escribir. Entonces está de más decir que me la pasé leyendo, cantando, o escribiendo toda mi infancia.

Y después empieza el problema: sobre que escribir. ¿El hielo?

Ahora sólo soporto el agua fría y con mucho hielo, a causa de eso estoy tan ronca que no puedo cantar. De niña, en mi casa no comprábamos agua de garrafón, la hervíamos, entonces casi siempre tomábamos agua tibia, ya que el proceso entre hervir, enfríar y meter al refri era muy largo. A mi hermano y a mí, nos parecía que tener hielos era un absoluto lujo, algo que sólo veíamos en las casa más bonitas que visitábamos, dónde siempre para agradarnos nos daban agua tibia. El tin tin de los hielos chocando contra el vidrio del vaso, y el tronar de los cubitos en el agua fría, nos parecía una delicia muy lejana...


Y la verdad es que hacer hielo es barato, no tiene nada de lujoso; pero en fin, así son las memorias de la infancia. Como esa otra que en un condominio enorme, con piscina en el último piso, un perro pequinés histérico nos persiguió hasta casi hacernos caer a la alberca, y luego de regreso, peldaño a peldaño de las muchas escaleras, hasta que salimos de ahí y cerramos la puerta del departamento en dónde nos hospedábamos.

O como la otra que en Disneylandia, sí en ahí en ese mágico lugar, mi hermano lloró porque lo abrazó Pluto, y lloró en los piratas del caribe, y en el show de los osos, y en todos lados, menos en la montaña del espacio, en donde casi se sale porque la seguridad le quedaba grande. Y sí, esa misma vez, sin haber visto siquiera la mitad del parque, nos tuvimos que ir a las tres de la tarde, porque mi mamá y mi tía tenían un "dolor de cabeza insoportable", les había bajado, estaban con unas jetas más grandes que el parque, y ya no soportaban "tanta calor".


O como esa vez que ante la montaña sandía esperé la puesta de sol desde dos horas antes - es que la montaña sandía, en Albuquerque Nuevo México, se pone toda roja cuando el sol se pone, porque le da de frente, por eso se llama sandía- entonces yo que sabía que era la última tarde que íbamos a estar ahí, velé, mientras los demás platicaban, o tomaban agua con hielo, o jugaban con perros amistosos, o veían la tele en cada cuarto, yo velé, para que después de dos horas de estar velando, el cielo se nublara, y lloviera y lloviera y jamás pudiera ver la montaña roja como una estúpida sandía.

Escribir, de recuerdos lejanos, absurdos, y sentirme con una soledad más concurrida, menos vacía; escuchar las voces, y el sonido de la tierra recibiendo la lluvia y entonces el olor a frustración es igual al de la tierra mojada, o al de un perro babeante. Y entonces pienso que la vida no ha sido tan solitaria, que he compartido tonterías agradables, miedos agradables, frustraciones agradables, porque lo único agradable que tenían era no estar sola, tener otra persona con quien quejarme, o asustarme y tal vez alguien con quien recordar.

30/05/2011


Notas:

Hace un rato recordé que me gustan mucho las fuentes, -menos la del salto de agua en el df.-, y recordé que mi momento favorito es cuando las encienden, cuando todavía no sabes la forma que va tomar su cuerpo, justo cuando todo es inicio y borbotónes.

El sábado mi Isaac inició sus clases de alemán, hacía años que no veía una cara así, una cara de cuando se inicia algo, de abrir un libro del que no entiendes nada, de volver a no saber hablar. Aprendí unas cuantas palabras con él y me motivó a memorizar pasajes bíblicos en francés, la idea es volver a desconocer, volver a entender algo ya entendido, en distintos sonidos.


La foto pertenece a "la galería de la venganza más grande", se llama "si las gotas de lluvia fueran de chocolate", el sábado aún no sabía que existía esa canción, no me gusta Barney, me enteré de una forma trágica y dulce a la vez. Siempre pensé que cantar era buen antídoto ante el miedo, y es verdad, aun ante un miedo de muerte.



04/05/2011



Desde anoche se metió una mosca. Pocas cosas en la vida son más molestas que ese insecto. Tiene todo lo malo que se puede tener, es ruidosa, sucia, persistente, pegajosa.

Estábamos leyendo en la cama pero no podíamos concentrarnos, su aleteo, su sonido, nos interrumpía, además que de cuando en cuando se paraba en nuestras piernas u hombros desnudos.

No teníamos matamoscas, no tenemos matamoscas; con eso, una buena lámpara para la cocina, y un amigo para el baño tendríamos la vida resuelta. No se le puede dejar caer un libro, claro que de haberla matado a librazos sería sólo con el directorio telefónico.

Hoy en la mañana mientras tomaba mi desayuno, ella llegó a la sala. Dejé sobre uno de los bancos un palito de paleta y ella se daba gusto sobre él, y yo seguía sin tener a la mano nada con que matarla. De repente pensé que en realidad no me molestaba en nada que ella chupara el palito que iba terminar tirando a la basura, lo que me fastidiaba era su presencia.

Tal vez esa mosca tenía las patas limpias, al entrar a la sala ni siquiera hizo ruido, se saboreaba algo que yo iba a botar; nada de lo que ella hiciera me afectaba, lo que no soporto es que exista. No soporto su vida, tengo tan grabado en mi código que son malas y asquerosas, que ya sólo pienso en su muerte una vez que las veo.

Y es que son feas, no podríamos acosar tanto a una mariposa o a una catarina, ni siquiera a un grillo. Pero ellas no ayudan, son feas; su sonido siempre es molesto, afortunadamente no apestan.

Estoy escribiendo y estoy intrigada, ¿a dónde fue a parar la maldita mosca? ¿por qué no la escucho? En cuanto tenga algo que sirva juro que la mataré.

p.d. encontré un periódico viejo y ya descansa en paz. Yo sabía que para algo eran útiles los periódicos impresos.

28/03/2011




Eran las 5, tal vez 6, de la tarde. No lo tengo claro pero hacía mucho calor, de ese que ahoga. Yo no sé manejar, pero no me importó. Hace tiempo todos están de acuerdo en que soy inconsciente, egoísta, e irresponsable ¿por qué habría de importarme entonces? Saqué el auto de mi padre y tomé la carretera.

Recuerdo que el carro reculaba en cada curva, no sé si iba muy rápido o solamente que no sé manejar, pero de repente empezó a darme miedo, la ciudad más próxima estaba mínimo a dos horas, y si seguía iba llegar pero muerta, así que en el primer acotamiento me detuve. Abrí la portezuela de mi lado, y saque el mapa de la guantera, pero antes de poder ver mi ruta el retrovisor hizo que me paralizara.

Del otro lado de la curva, en los pastizales secos estaban estacionados tres camionetotas negras, enfrente de ellas alrededor de diez personas hincadas con las manos detrás de la nuca, y alguien les apuntaba mientras otros cuatro, entre ellos una mujer les gritaban.

Tuve unos minutos, tal vez segundos, de verlos sin que me vieran; mi cabeza me decía cierra la maldita puerta y arranca, pero recordé los reculones que daba el carro en cada curva, que ya estaba por obscurecer, y que no sabía manejar. Todavía el coco me gritaba que me largara cuando uno de ellos me vio y empezó a caminar hacía mi.

Me entiesé más todavía. Miraba el volante, el mapa, la puerta, al tipo por el espejo lateral, y otra vez al volante, al mapa, a la puerta, al tipo. Obviamente llegó sin que yo atinara a nada. Me pidió que le diera mis identificaciones, sin siquiera abrir la boca se las dí, pero al tomar mi bolsa del piso alcance a ver la bolsa de bolsas que mi tía vendé, y una culpa enorme empezó a agobiarme. Me pidió que saliera del auto, y obedecí. Grandioso asunto, iba dejar a mi padre sin carro y a mi tía sin mercancía de un jalón.

El tipo me dijo que me fuera pero en eso llegó la mujer, y le preguntó que si estaba pendejo. Entonces ella me gritó que corriera, y yo supe que a penas diera la vuelta me iba a disparar. Le rogué al tipo, le recordé que había cooperado sin chistar, que les había dado todo, que por favor no me mataran, que tenía un bebe. Y en ese momento empecé a dudar, ¿estoy embarazada o ya nació? No importa, por favor no me maten.

Empezaron a discutir entre ellos mientras del otro lado de la curva sonaron por fin los disparos, como la mujer corrió a ver que lo que pasaba del otro lado, el tipo me hizo un gesto con la pistola de que me fuera.

Corrí como pude, no sé si me pesaba la panza del embarazo o la culpa de haber perdido las bolsas y el auto, pero sentía que las rodillas se me doblaban. Llegué a mi ciudad cuando ya todo estaba muy oscuro, aunque no tenía idea de a que hora podría volver a mi casa.



25/03/2011



La vida real no tiene madre ni abuela, sin embargo le pesa todo el pasado. No te gustaría, no te gusta, no te gustara. A veces parece de cuento y es cuando sientes que eres feliz, entonces te gusta, porque sabes que durará poco, porque sabes que es sólo un instante. Porque la vida real no está hecha de instantes sino de infinitas rutinas, desgastadas, aburridas, decepcionantes.

Puedes pensar que sólo es un viaje, puedes fugarte del tiempo como adolescente eterno, puedes usar la puerta trasera, te hará feliz pero estarás sólo; tu familia, tus amigos, tu trabajo, tu escuela, todo estará lejos, en la vida real.

Nadie puede fugarse por siempre, sólo los locos, sólo los vagabundos, sólo los irresponsables, sólo los adictos, sólo los profetas, sólo los suicidas, sólo los idiotas, sólo los que no necesitan al mundo.

Sí, a veces, también los poetas.

17/03/2011



Jueves 17 de Marzo del 2011

Abro La jornada, hay una foto grande en la que se ve una mujer japonesa con dos niños. Al lado la noticia es que Wikileaks revela la visión que tiene EU de la incapacidad del Estado Mexicano para regular los monopolios. Abajo se muestran cuatro fotografías de periodistas desaparecidos en Libia.

El Universal habla de lo mismo. Tokio de miedo es el reportaje que presenta Loret de Mola.

Debo dejar de escribir aquí y empezar a componer.

A veces siento que mi cerebro se paraliza con el miedo, otras con la fascinación. He visto videos del agua cubriendo la tierra muchas veces desde el viernes hasta hoy. Recordé a Kant y lo sublime, no pude evitarlo al ver las caras de los japoneses contemplando la tragedia. ¿Cómo dejar de ver algo así? Y otra vez después la culpa de sentirse afortunado al tener semejante escena de frente. ¿Y la pobre gente? ¿Y todos los que entre los escombros ya no pudieron respirar porque el agua tapo las rendijas? ¿Y toda la tristeza?

¿No has sentido así el alma, que estás estirando la cabeza por una buena noticia, pero no hay nada? Después de Egipto pensé que nada detendría esa ola libertaria, y ahora Libia, y la comunidad internacional tan lenta, tan estúpida, o tal vez tan pasada de lista. Para acabarla de amolar mataron a un testigo del asesinato de Marisela Escobedo, ¿ahora quien querrá testificar?

Y otra vez se me atraviesa el "sentimiento estético" pero ¿cómo se hace arte del dolor? ¿Será cierto al fin que nacimos para reproducirnos y todo lo demás es poesía? ¿La guerra del narco es poesía? ¿Los terremotos y tsunamis, las radiaciones y el hambre, las causas perdidas, aun Kadafi es poesía?


03/03/2011


Post de hace una semana y media

Al menos un tercio de mi niñez lo viví vomitando.

Era de esas niñas flacas a las que una gripe las tumbaba en días de fiebre y bocas llenas de fogazos. La alergia continua a los gatos, al smog, al polvo me hizo fama de provincianita cuando iba de visita a la casa de mi abuela en el D.f. Algunas de esas visitas se hicieron célebres por la cantidad de veces que vomite en el metro, en los autos, en los camiones. Literalmente TODO lo que entraba por mi boca salía estrepitosamente por el mismo lugar; y todo es todo, desde agua hasta spaguetti. Era una flaca débil y asquerosa. Una ocasión un tipo que me gustaba mucho, muchísimo, me vio sacar las tripas a un metro de su hermoso rostro. Realmente desagradable.

Bendito sea Dios crecí. Alguno de los tantos tratamientos que me hicieron dio resultados. Me hice más fuerte, y una gripe fue solamente un tiempo mocoso que con algunos antibióticos desaparecía rápidamente. Los vómitos se reservaron para situaciones especiales, y todo se hizo normal y feliz. Empecé a tener suerte en ligar, en verme no flaca, en parecer no asquerosa, sino una mezcla de extraña y atractiva mujer rara.

Pasé varios años de mi vida de esta forma. Hasta ver mi infancia como algo lejano, remoto e irrepetible. Invaluablemente irrepetible. Hasta hace dos semanas.

Quería un mejor post para decir que estaba embarazada, uno con más punch, que hablara de lo fuerte que es para mí este cambio. De todas las expectativas sobre el chamaquito hermoso que estoy esperando. Pero no, no estoy hablando de eso. Y es que estás dos últimas semanas he vuelto a mi infancia. Bueno al menos de niña no tenía un olfato tan bueno como el de ahora, y que no los engañe Grenouille, no es nada agradable ir caminando y discernir la mugre de tres días del adolescente gordo que se lavó la cabeza antes de salir, pero que aun así no deja de apestar a grasa, cebo, axilas, cola y total ausencia de jabón. A la chica de la otra esquina que se vació la esencia idéntica pero no igual de Cristian Dior, las hamburguesas de enfrente, los tacos de cruzando la calle, las alcantarillas, los mariscos, los fumadores, el café...

Mi infancia me alcanza, y vuelvo a visitar baños públicos rogando que estén limpios, muy limpios para que no resulte peor de asqueroso rezarle a virgen de porcelana. Y no sólo afortunadamente me alcanza en eso, también esa gracia extraña que tenemos los vulnerables, y los débiles, en esa ternura que causamos, y que todo mundo quiere arropar y cuidar.

Me alcanza la infancia, por lo mucho que me estoy y están chiqueando, y tal vez es que otra vez volví a tener ojos de niña, esa mezcla de ternura, curiosidad y ausencia de poder; ya no de malicia.

Literalmente puedo decir que me he sentido del asco, y sin embargo feliz.

03/02/2011



AH PERO QUE FEO SE MUEREN LOS ÁNGELES


De chica me decían que nunca vieras morir a un animal con lástima porque no lo dejabas morir en paz, pero no puedo dejar de verlo, si lo hago y lo dejo mientras hago mis deberes los otros se lo van a comer, ya tiene las aletas mordisqueadas.

No es que sea la gran cosa, sólo es un pez, ni siquiera de arrecife, tal vez nos costó unos treintaicinco pesos, ¿y qué?

Me gustaría que se muriera fácil, o de una forma más despreciable como las ratas o las gallinas, pero esta tristeza de animal tan desamparada no me deja indiferente. Odio que los animales se pongan tristes, porque ya no comen, se quedan tirados, con los ojos sumidos. Mi madre tenía una oveja, y aquí en México decir oveja es decir demasiado, para nosotros es un triste borrego, que al morir, tenía, efectivamente, ojos de borrego a medio morir, yo no sentí lástima por él, pero me dio ternura mi madre pendiente de su agonía.

Así estoy yo, atrapando a Newman con la red, haciendo a un lado a los otros para que no se le acerquen, emocionándome cuando parece que se levanta, y descorazonándome porque eso no significa nada. Y no significa nada tampoco que muera, ¿o que, descuelgo el telefono y les llamo a mis amigos lejanos (ya que todos mis amigos son lejanos ahora) para decirles que mi pez de treintaicinco pesos se está muriendo? ¿le hablo a alguien para que me consuele por mi ridícula, por pequeña, tragedia? Cuando mataron a Marisela Escobedo quería llamarles para ponerme a llorar al teléfono y tampoco lo hice, creo que a mi esposo se lo dije como se comenta el aumento periódico de la gasolina.

¿Que importa que Newman se muera? Sólo es un pez demasiado perfecto, fuerte, hermoso, elegante, aguerrido, solitario. Se mueren miles de cosas bellas en el mundo, que importa que se muera una más. Es estúpido sentirse triste por un semirombo plateado brillante.

De repente empieza a moverse, cada vez más fuerte, levanto la red porque tal vez ya haya recobrado las fuerzas y se quiera salir; pero no lo hace. Sigue sacudiéndose cada vez con más violencia, hasta que totalmente erguido deja de hacerlo, por unos segundos, después unas leves sacudidas mueven sus aletas pero sus branqueas ya no se abren.


01/02/2011



¿Ves como se desploma un edificio?

Lavas los platos de la comida, y lo único que se escucha a la redonda es como se hizo añicos un tazón entre tus manos. Muy a lo lejos, casi como en un sueño, el silbato de los camotes.

Sales a la calle, y ni siquiera un zumbido de mosca, nadie diría que vives a tres cuadras del centro de la ciudad.

Lo ves. muy alto y muy mármol. Las puertas de cristal tan limpio que no deja pasar la luz. Tendrá diez años a lo mucho; no sale ni entra nadie, ni en estos quince minutos en los que lo observas, ni en los próximos tres días si tienes la paciencia de espiar. Imponente, pulcro, antihumano.

Sin embargo tú sabes que se desmorona, puedes escuchar como las hormigas taladran sus cimientos, la compañia de ratas royendo entre las paredes, la multitud de palomas cagando ácido en el techo. Es sólo cuestión de esperar con los ojos abiertos, con persistencia, con un encono de enamorado; un día caerá.

30/01/2011



SOBRE EL CISNE NEGRO

Sí, la historia es predecible, sí Aronofsky se afresó, sí.

Sí también Natalie Portman actuó maravillosamente bien, sí, le crees todíto, pero por lo que sé que valió la pena ver esta película es por el argumento.

Varias cosas me han demandado morir, vivir para Dios exige morir, crear exige morir, vivir exige morir.

Pero cada una de ellas a distintos niveles, y esos niveles no están nivelados, chocan, se contradicen, porque con algunos de ellos tengo que salvar a toda costa al cisne blanco y con otras debo abrirme la piel para que salgan las plumas negras.

Todas la veces que he logrado más en algo ha sido necesaria esa actitud borderline, el justo preciso en que la locura puede ser fértil.

La frigidez es sinónimo de una vida parecida al coma...

Tal vez digo demasiadas necedades, pero acabo de ver la película, y no he podido dejar de pensar en eso.

Y eso es todo lo que tengo por decir.

19/01/2011




LUNA LLENA

Mi esposo está subiendo música a su celular, son más o menos las 11 y media, de repente suena una canción mía, una rola para guitarra, y suena bien.

Mi dieta de narconoticias me deja triste y con rabia para todo el día, la única restricción que tengo es no leer de noche, sin embargo es casi imposible no hablar sobre ellas a cualquier hora.

Es increíble cuanto puede aguantar el corazón, como puede ablandarse tanto el músculo, y uno pretende acostumbrarse al ejecutómetro, a las noticias cada vez más crueles, pero de repente toda la fortaleza se te desfaja cuando en el camión lees sobre los niños muertos en esta estúpida guerra, y definitivamente ya no alcanza la comprensión, ya no se puede pensar, sólo se te salen las lágrimas, y el corazón se te muere un poco más.

Pero en las escaleras de mi azotea una cocorita puso su nido, y la luna esta noche brilla tanto que alumbra mi fuente, y su conejito se ve radiante, y mi música en la computadora de mi esposo no suena mal. Además el viernes ensayaré con mi negra y mi micrófono Shure, sí, no con una guitarra prestada sino con mi negra, mi negrita chula, la mejor de las cuerdófonas.

Entonses el corazón tiene que curarse, seguir aunque este todo agujerado, y tenemos que hacer música, tenemos que cantar a todo pulmón las canciones por los niños muertos, por las mujeres muertas, por los sueños muertos.


06/01/2011



Debería de estar escribiendo.

Pero veo la tele, me río mucho con los idiotas geniales, tomo mi café y pienso en que ya se acerca navidad.

Debería de estar escribiendo, pero subo el volumen del televisor, y me carcajeo aunque me tiemblan las manos, y se me seca la boca, Sheldon es genial, y mi agencia de viajes me prepara un fin de año maravilloso en lo más norte que aguanto, estaré muriendo de frío pero es mucho mejor.

Debería estar escribiendo, pero no quiero. Suena el teléfono y sé que es mi madre, sé que llama para rogarme que vaya al sur, que me reúna frente a un árbol desangelado y tome ponche con ellos encerrados con muchas llaves para que no entre nadie. No contesto.

Debería de estar escribiendo, y el maldito programa se terminó. Busco otro canal, sí, los Simpsons ayudan, no, son demasiado ácidos, tal vez una telenovela, no, no me hace reír, ah ya, otra estupidez simpática.

Debería estar escribiendo, y qué, ¿alguien puede decirle a la policía que debería parar el maldito tiroteo que tiene más de veinte minutos?